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Eudald Pujol: «El macho de sapo partero puede llegar a cargar las puestas de tres hembras diferentes en las patas traseras»

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El biòleg i president de la Societat Catalana d'Herpetologia, Eudald Pujol (Fotografia: Elena Pardo)

El biòleg i president de la Societat Catalana d'Herpetologia, Eudald Pujol (Fotografia: Elena Pardo)

El biólogo y presidente de la Societat Catalana d’Herpetologia organizó una salida guiada para buscar anfibios el sábado 18 de noviembre, con motivo de la celebración de las II Jornades de Conservació del Medi Natural

La Societat Catalana d’Herpetologia (SCH) fue una de las entidades invitadas a las II Jornades de Conservació del Medi Natural, que se celebraron el 18 y 19 de noviembre. Su participación no fue en forma de ponencia, sino de salida guiada. A las seis de la tarde del sábado, el biólogo y presidente de la asociación científica, Eudald Pujol, consiguió reunir a unas treinta personas interesadas en conocer los anfibios que habitan en la orilla del río Segre, a su paso por la Seu d’Urgell.

El punto de encuentro de los asistentes a la actividad fue el puente de la Palanca. A partir de allá, los participantes, que llevaban linternas y luces frontales, empezaron a andar siguiendo el curso del río dirección en la Cerdaña. Quince minutos después de haber iniciado la búsqueda, Pujol levantó el brazo y todo el mundo corrió hacia él. Un pequeño sapo se escondía bajo la hojarasca.

Se trataba de un sapo partero (Alytes obstetricans), animal que se bautizó con este nombre en forma de «burla» porque «el macho puede llegar a cargar las postas de huevos de tres hembras diferentes en las patas traseras (ancas)», explicó el biólogo. Y es que, un tòtil —sapo partero en catalán, que en castellano se traduce como pánfilo— según la página web de diccionari.cat es una «persona boba, encantada o corta de entendimiento». Una vez las larvas están plenamente formadas en el interior de los huevos, el macho se acerca a una masa de agua y libera la posta. A partir de este instante, empieza por ellas la metamorfosis.

Sapo partero cogido con guantes por el guía y biólogo Eudald Pujol (Fotografía: Elena Pardo)

El pequeño anfibio mide entre 4 y 6 centímetros de longitud y «tiene una coloración dorsal de color gris». Su pupila es vertical y el iris es dorado y presenta un punteado oscuro. Atendido el rol del macho durante la época reproductiva, sus patas son más largas que las de las hembras, pero en ambos sexos las membranas entre los dedos son prácticamente ausentes.

Anfibios bien escondidos

Durante las siguientes dos horas de búsqueda, no se encontró ningún anbifio más. «Falta que hubiera llovido ayer u hoy». Pero aunque no hicieran acto de presencia, Pujol llevaba un libro donde aparecían todas las especies que podrían encontrarse en la zona, así que el aprendizaje continuaba estando asegurado. «Uno de los animalitos que sería fácil de encontrar, si saliera del escondrijo, es el sapo común (Bufo spinosus)«, explicaba el biólogo señalando la página donde había una ilustración del anfibio. «Es un sapo muy grande que puede llegar a vivir más de veinte años en cautiverio», comentó a los niños, quienes no dejaban de hacer preguntas al experto. «Y a sus larvas se los pueden ver los dos puntitos negros, que son los ojos, cuando están muy formadas dentro de los huevos», añadió.

Una de las asistentes comentó al presidente de la SCH que a casa suya había observado como unas ranas de color verde subían por las paredes de la fachada. Al escuchar esta información, Pujol identificó rápidamente a sus vecinas: las ranitas meridionales (Hyla meridionalis). «Se la única especie arborícola que tenemos», concretó el guía. Y no es el único disparo distintivo con el cual cuentan, puesto que «pueden cambiar de color a marrón según el estado anímico».

Ficha con información y fotografías de la ranita meridional (Imagen: Página web de la SCH)

Como sucedió aquella tarde, y muchas veces que se sale al campo, los animales pueden no aparecer, pero sí escucharse en la lejanía. El guía de la actividad comentó que a la página web de la SCH hay disponibles los cantos de las ranas y sapos, para facilitar la identificación de cada especie durante las salidas. «La rana verde (Pelophylax complejo) parece que ría y el canto de la rana roja (Rana temporaria) es bastante grave y flojo».

Urodelos locales

En esta zona del Pirineo podemos encontrar la subespecie terrestris, que es de color negro cono rayas de color amarillo y pare las larvas en el agua, apuntó Pujol. «En cambio, la subespecie del cantábrico (Salamandra salamandra fastuosa), que también puede encontrarse en el Vall d’Aràn, pare mini salamandras en la tierra», señaló el biólogo. Además, «en las aguas limpias, y sobre todo en verano, podréis observar el tritón pirenaico (Calotriton asper)«.

Diversos ejemplares de Salamandra salamandra terrestris observados en la Cerdanya (Fotografía: Elena Pardo)

Pero si hay un urodelo que cautiva las miradas de los herpetólogos por su peculiaridad, éste es la gallipato (Pleurodeles waltl). «Cuando se sienten amenazados sacan las costillas a través de la piel, que su muy puntiagudas y tienen veneno», apuntó Pujol. Según la leyenda, también utilizaban este mecanismo de defensa cuando los bueyes se los tragaban, pero ambos vertebrados acababan muriendo. «Es un mito de campesino, no ha quedado registrado».

Y si el modus operandi para evitar ser devorado es «fascinante», todavía lo es más su capacidad de regeneración. Aunque muchos anfibios tienen esta capacidad —por ejemplo, cuando hay demasiadas larvas de salamandra en una zona de agua, entre ellas se comen las patas, pero les vuelven a salir— «hay experimentos bestias del siglo pasado que demostraron que si a un gallipato le cortas un trozo de hígado, corazón o cara, lo regenera todo», indicó lo biólogo.

Dos gallipatos (Fotografía: Departament Medi Ambient i Sostenibilitat de la Generalitat de Catalunya)

Desgraciadamente, esta especie se encuentra en estado «vulnerable» en el Catàleg de fauna salvatge autòctona amenaçada. Solo puede encontrarse en el sur de Cataluña y en el norte de la Comunidad Valenciana y tiene que hacer frente a varias amenazas, ocasionadas por el ser humano. «Se encuentran en un espacio limitado entre zonas agrícolas, con balsas de plástico y dónde hay cangrejos americanos». La buena noticia es que, si bien «en la zona del Montstià cada vez hay menos ejemplares, algo más en el norte está aguantando», concluye el presidente de la SCH.


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