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Eva Carretero: «Una ilustración te permite dibujar el animal de forma que se le vean todas las características que quieres destacar, y esto con una fotografía es muy difícil de conseguir»

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La il·lustradora científica Eva Carretero amb un quadern de camp

La il·lustradora científica Eva Carretero amb un quadern de camp

La ilustradora científica explica cómo descubrió la profesión, en qué consiste, para qué sirve y da unas pautas para comenzar un cuaderno de campo de manera amateur

Hay personas a las cuales el corazón los late más fuerte cuando hablan de vida salvaje. Aun así, a veces, por circunstancias personales, se tienen que alejar de aquello que realmente los hace felices, por ejemplo, emigrando en las grandes ciudades o estudiando carreras que poco tienen que ver con el medio ambiente. Pero si usted, lector, es uno de estos individuos, sepa que, tarde o temprano, la voz interior que le dice de acercarse a la natura lo sentirá tan fuerte, que solo podrá seguir su voluntad.

Eva Carretero (nombre artístico Eva Carret) estudió asesoría de imagen, pero bien pronto se dio cuenta que aquello no era el que se había imaginado. «La natura siempre me ha gustado, pero por opiniones externas o de casa, no creía que hubiera profesiones a las cuales dedicarme y que estuvieran relacionadas con ella», reconoce. Con esta idea preconcebida en el ninguno, durante un tiempo se encontró «estancada», sin saber hacia donde dirigir su futuro profesional.

Pero, en medio de esta incertidumbre, tenía un acompañante: el dibujo. «Durante el confinamiento empecé a pintar con acuarelas y vi que tenía traza», explica Carretero. Este descubrimiento le llevó a ella, acompañada de su pareja, a visitar una exposición de la ilustradora científica Blanca Martí, en l’Estany de Ivars y Vila-sana (Lleida). «Aluciné».

Ilustración de un mochuelo (Athene noctua) (Autora: Eva Carretero)

Carretero comenta que inmediatamente tuvo la certeza de que aquel era el camino que tenía que seguir. «Mi pareja me dice que se me iluminó la cara. Es que era increíble todo su trabajo. Había dibujos de primates que tenían una mirada real». Su historia estaba a punto de hacer un giro de 180 grados. Al  salir de la exposición, una mujer se le acercó y le preguntó: «Qué te ha parecido?» Y ella le contestó que «muy bonita», sin saber que se trataba de la autora de las obras. «Me vio tan contenta que me habló de un Máster de Ilustración Científica que dirigía a la Universitat de Girona», señala Carretero. «Era verano y yo en octubre ya estaba empezando el máster».

Herramienta de educación ambiental

Durante un año, la ilustradora adquirió los conocimientos de científicos y dibujantes expertos como Blanca Martí, Carles Puche, Miquel Llorente o Suani Armise, entre otros muchos. «Al principio tenía un poco de miedo porque ni había dibujado nunca profesionalmente, ni me había dedicado a nada relacionado con la ciencia», reconoce Carretero. «Pero rápidamente tuve muy claro que podía usar la ilustración científica como una herramienta de educación ambiental», añade.

Cuaderno de campo botánico (Imatge: Eva Carretero)

Dentro de la misma clase, había alumnas que habían estudiado biología y querían perfeccionar la técnica de dibujo o al revés, que habían estudiado bellas artes y estaban adentrándose en la ciencia. También había los que querían hacer trabajos de ilustración y que sus trabajos aparecieran a guías; personas que, como Carretero, querían orientar el aprendizaje en la educación ambiental; y «Àngela, una mujer jubilada que lo hacía por gusto». Aun así, todos tenían un rasgo común. «Éramos gente muy curiosa y aquello que nos explicábamos lo absorbíamos como esponjas», recuerda la ilustradora.

Investigación previa

Dedicarse a la ilustración científica implica ser «muy riguroso y dejar la vena creativa a banda». Como que su finalidad es didáctica, «el dibujo se tiene que ajustarse a la realidad» y «es muy importante tener una base de estudio científico». Pero aunque la precisión es una característica fundamental, hay un pequeño espacio reservado al toque personal. «Cuando poníamos nuestros dibujos encima la mesa, aunque todos habíamos dibujado la misma especie, sabías por el trazo quien era el autor de cada uno de ellos».

Carretero explica que hay «muchas salidas» en esta profesión y que, en algún ámbito, faltan expertos. «A geología hay una carencia de ilustradores científicos y son muy necesarios», apunta. «Pero a mí el que me echan son los animales, concretamente los pájaros. Y yo, para dedicarme a algo, me tiene que gustar», menciona. «Me puedo pasar horas mirando fotografías donde aparezcan pájaros desde todos los ángulos, estudiando su coloración y el número de plumas que tienen. Depende de qué especie te tendrás que informar más, y tienes que conocer su alimentación y habitado; no puedes colocar un búho real (Bubo bubo) en un humedal».

Mirada al pasado

El ser humano ha estado vinculado desde siempre al arte, como demuestran las pinturas rupestres. Cuando no se había inventado la fotografía, los ilustradores tenían un papel fundamental en la sociedad porque de ellos dependía la transmisión de conocimientos de manera visual. «Era muy importante el trabajo de aquellos que habían podido asistir a una operación vive, puesto que sus ilustraciones ayudaban otros médicos a guiarse», señala Carretero.

Proyecto de reconstrucción a partir de la figura 3D del Megaloceros giganteus (Autora: Eva Carretero)

Pero con el avance de la tecnología, hay personas que han relevado a un segundo plan la ilustración. «A veces nos dicen que es mejor una fotografía que un dibujo porque se está mirando directamente a la especie», reconoce Carretero. Pero ella no piensa lo mismo. «Una ilustración te permite dibujar el animal de forma que se le vean todas las características que quieres destacar, y esto con una fotografía es muy difícil de conseguir», señala. Además, a lo largo de la historia, son «pocos» los animales que se han podido capturar con una lente. «La ilustración ha permitido a los paleontólogos recrear como era la fauna que pisó nuestro planeta hace miles o millones de años».

Cuaderno de camp

Si bien la gente que se dedica a la ilustración científica tiene que ser muy «precisa», en caso de querer dibujar la natura de manera no profesional, «un buen punto de partida es el cuaderno de campo». Su finalidad es «descubrir e investigar seres y elementos del nuestro el en torno a una manera diferente y, sobre todo, hacerse muchas preguntas por después, a casa, contrastar aquello que has observado».

El material que se necesita para iniciarse «tiene que ser muy básico», apunta Carretero. «Yo recomendaría un portaminas, que ya tiene integrados el lápiz y la goma, y una libreta. También una cadireta plegable para tener cierta posibilidad. Y en caso de querer darle color, acuarelas, un pincel fino para hacer detalles y otro del número seis, más grueso».

Exemple de quadern de camp (Imatge: Eva Carret)

Ejemplo de cuaderno de campo (Imagen y autora: Eva Carretero)

En cuanto al  animal a plasmar en el cuaderno, Carretero señala que «mejor empezar con uno que no se mueva mucho». A continuación, se trata de hacer «esbozos rápidos con formas geométricas, sin intentar hacer la silueta perfecta». Y también es «súper importante hacer anotaciones«. Por ejemplo, en el caso de las salamandras (Salamandra salamandra), «apuntarse si hay alguna que tiene más manchas amarillas que las otras o qué pata mueve primero cuando anda».

Proyectos de futuro

Uno de los proyectos que Carretero tiene en mente es «reflejar problemáticas de hábitats o especies para concienciar y aportar información al ámbito de la educación ambiental». Por otro lado, la ilustradora también disfruta comunicar -es la autora de El podcast del Planeta Terra– y tiene presente la idea de realizar salidas en el campo con grupos de personas para acercarlas a la natura, ayudándose del cuaderno de campo.

La filosofía de estos talleres, explica Carretero, sería similar a la de los baños de bosque. «Considero que estamos demasiado estimulados y el cuaderno de campo te obliga a pararte y observar. Es una actividad naturalista, pero contiene un poco de psicóloga». Y para disfrutar de la experiencia, remarca la ilustradora, «hay que dibujar desde una perspectiva no perfeccionista».


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